Vuelo 20.05 14/12/2018

Vuelo 20:05 14/12/2018

En el vuelo de las 20.05 ayer en Granada ocurrieron momentos.

Despegamos puntuales cuando surgió preguntar a los pasajeros si a pesar de tener un camino enseñado desde sus nacimientos realmente era el que habían venido a caminar.

Un camino angosto lleno de etiquetas que marcan tu vida hacia un lugar más que previsible, rutinario, aburrido que casi es mejor que dejéis de caminar, sentaros en un cómodo sillón y ver pasar la Vida.

Cuando desde la radio pregunte por el camino de cada uno de ell@s, se hizo el silencio, pensé que quizás era una pregunta demasiado profunda para un pasaje adulto y con cierto recorrido, pero después sentí que realmente no sabían cual era su camino, su misión de vida, el para que habían venido a este plano terrenal, caras de incredulidad, de ignorancia, de cierta vergüenza al no saber responder desde la verdad que emanaba de ellos sintiendo la culpa de no haber vivido lo que les correspondían.

Una de las pasajeras de cola decidió hablar, salí de cabina y me acerque a ella, cuando llegue a su altura note como de sus ojos brotaban lagrimas entonces la invite a pasar a cabina conmigo darle el micro y que nos contara sus ojos húmedos.

Nos contó que hacia poco tiempo a su hija le diagnosticaron una enfermedad, da igual cual, que desde entonces se dio cuenta que cada segundo con ella era un regalo y como tal lo disfrutaba a cada segundo, que dejo los días iguales para vivir días diferentes en los que la incertidumbre la mantenía alerta, pero a la vez deseosa de la llegada de un día más para poder seguir disfrutando de su pequeña. Días diferentes, cercanos a la despedida o al regreso a casa, días vividos.

El pasaje murmuraba sin terminar de gritar que sus días no eran vividos desde esa energía que esta madre emanaba hacia su hija, hacia ella y hacia sus seres mas queridos. Giraban la cara como diciendo…no quiero que mi hija o hijo pase por esa enfermedad, pero si quiero disfrutar de los momentos que esta mama disfruta de su hija con los mi@s.

Que contradicción verdad.

Entonces pregunte: ¿es necesario que se nos muera un hijo para darnos cuenta de que va la vida?

¿Tenemos que Morir para Vivir?

Con todo el respeto del mundo, ¿el ser humano es tan gilipollas como para tener que vivir la experiencia que yo viví para despertar a la Vida?

¿No os parece de idiotas perderse lo mas bonito que tenemos que es la Vida por seguir las pautas enseñadas en la infancia por familia, educadores, amigos o sociedad?

No creo que el ser humano sea tan tonto como para no coger las riendas de su vida y caminar el camino que vino a transitar.

Deberíais preguntaros si realmente sois LIBRES, o por lo contrario vivís bajo la influencia de la polilla de la ignorancia.

Desde el MIEDO de saltar, de Volar.

Creo que por eso siempre quise ser piloto, porque me enamora volar y sobre todo me hace LIBRE.

Volamos?

Por Andrés Olivares pilotodeemociones

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