El Rey Bondadoso

El Rey Bondadoso

En un país muy luminoso, había un rey al que todos veneraban por su infinita bondad. Emitía edictos en los que proclamaba su generosidad y les regalaba trajes a todos los habitantes del reino diseñados por él mismo. Además de ser  bondadoso, mostraba al mundo lo felices que eran en su reino: no había disputas porque todos vestían iguales.

Estos trajes de brillos y lujosas telas no eran los más cómodos para trabajar, a algunos les quedaban cortos, a otros les impedían moverse libremente porque eran muy ajustados; pero como el rey era tan generoso ellos encantados y orgullosos se lo ponían para no hacerle un desaire al rey, aunque les impidiera realizar actividades que les gustaban. Además, todas las generaciones de sus familias los habían llevado.

Una mañana llegaron unos monjes, cuyo atuendo distaba mucho de los trajes de gala que vestían los súbditos del rey. Las gentes del reino, que estaban dichosos de llevar sus ropas limpias y brillantes, miraron con asco las ropas de los monjes de telas sobrias y sencillas. Fueron a quejarse al rey de la presencia de los monjes que serían un mal ejemplo para el pueblo. Y el rey que quería armonía en su pueblo, emitió un comunicado en el que dijo:

“No acojáis a aquellos que no sean iguales que vosotros”

Cuando los monjes fueron pasando por los diferentes partes del pueblo, sintieron las miradas de rechazo. Los niños los miraban extrañados, porque nunca habían visto telas diferentes a las suyas, y al preguntarles a sus madres, les dijeron que no se acercaran a ellos.

Los monjes pidieron alojamiento  y  comida y se los negaron porque nadie les abrió las puertas. Tuvieron que abandonar el pueblo, hambrientos y cansados. Nunca entendieron por qué ese rey se había autoproclamado: “El rey bondadoso”.

 “Hasta que no llegue una circunstancia que pruebe si amas a los demás, no proclames tu grandeza”

Por I. Trujillo

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